Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor PAGE.—He ahà a nuestro pomposo posadero de la Liga, que se acerca. O tiene vino en la testa, o dinero en la bolsa, cuando parece tan alegre. ¿Cómo va, posadero mÃo?
Entran el posadero y Pocofondo
POSADERO.—¡Hola, mi gran picarón! Tú eres un caballero; caballero juez, digo.
POCOFONDO.—Soy con vos, mi buen posadero. Buenas tardes, excelente señor Page, una y veinte veces. ¿QuerrÃais venir con nosotros? Tenemos entre manos un pasatiempo.
POSADERO.—Contadle, caballero juez, ¡contadle, gran tuno!
POCOFONDO.—Pues, señor, hay un duelo pendiente entre el señor Hugh, párroco galés, y el doctor francés Caius.
FORD.—Bien, amigo posadero de la Liga. Deseo hablaros una palabra.
POSADERO.—¿Qué dices, gran bribonazo mÃo?
Se van a un lado
POCOFONDO.—(A Page.) ¿Queréis venir con nosotros a presenciar el lance? Mi alegre posadero ha tenido el encargo de medir las armas; y, a lo que pienso, les ha señalado sitios opuestos, porque, creedme, sé que el párroco no es hombre de gastar bromas. Escuchad y os diré en qué consiste nuestro juego.