Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Cuarto en la posada de la Liga
Entran FALSTAFF y PISTOL
FALSTAFF.—No te prestaré ni siquiera un penique.
PISTOL.—Pues entonces haré del mundo una ostra y la abriré con mi espada. Devolveré la suma en mercancÃa robada.
FALSTAFF.—Ni un penique. He tenido a bien dejaros tomar mi nombre para que tomaseis dinero sobre prendas. He atormentado a mis amigos para que vos y vuestro compinche Nym obtuvierais tres prórrogas; o de lo contrario habrÃais tenido que ir a parar tras de las rejas, como un par de monos enjaulados. Tengo el alma condenada al infierno, por haber jurado a caballeros amigos mÃos, que erais buenos soldados y bravos mozos, y cuando la Sra. Bridget perdió el mango de su abanico, respondà sobre mi honor de que tú no lo habÃas tomado.
PISTOL.—¿Y no tuviste tu parte? ¿No recibiste quince peniques?
