Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor SLENDER.—¿La señorita Ana Page? Tiene cabellos castaños y habla tÃmidamente como cumple a una mujer.
EVANS.—De cuantas hay en el mundo, es ella precisamente la que podrÃais desear. Y su abuelo (guárdele Dios una resurrección feliz) en su lecho de muerte le dejó setecientas libras en dineros, y oro y plata, para cuando cumpla los diez y siete años. SerÃa cosa muy cuerda dejar vuestras disputas y procurar un matrimonio entre el señor Abraham y la señorita Ana Page.
POCOFONDO.—¿Setecientas libras le dejó su abuelo?
EVANS.—SÃ, por cierto. Y su padre le dará aún mejor caudal.
POCOFONDO.—Conozco a la señorita: tiene buenas prendas.
EVANS.—Setecientas libras y esperanzas de heredar más, no son malas prendas.
POCOFONDO.—Bien. Busquemos al digno señor Page. ¿Está allà Falstaff?
EVANS.—¿Habré de deciros una mentira? Desprecio al mentiroso, como desprecio a uno que es falso, o como desprecio a uno que no es sincero. El caballero sir Juan está allà y os ruego que os dejéis guiar por los que os quieren bien. Llamaré a la puerta y preguntaré por el señor Page. (Golpea.) ¡Hola! ¡Dios bendiga vuestra casa!
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