Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Una calle de Windsor
Entran la señora PAGE y ROBIN
Sra. PAGE.—No; sigue adelante, galancito mÃo. Tú debÃas ir detrás y ahora vas a la cabeza. ¿Te gusta más hacer que te sigan mis ojos, o seguir con los tuyos los talones de tu señor?
ROBIN.—A fe mÃa que prefiero ir delante como un hombre, que seguirle como un enano.
Sra. PAGE.—¡Oh! Eres un chico zalamero. Veo que pararás en cortesano
Entra Ford
FORD.—Me alegro de encontraros, señora Page. ¿A dónde vais?
Sra. PAGE.—Por cierto que a ver a vuestra esposa. ¿Está en casa?
FORD.—SÃ, y tan ociosa, por falta de compañÃa, que no sé cómo no se le caen los cuartos. Se me figura que, si muriesen vuestros maridos, os casarÃais las dos.
Sra. PAGE.—De seguro con otros dos maridos.
FORD.—¿Dónde hubisteis este bonito gallo de campanario?
Sra. PAGE.—Por nada puedo acordarme del nombre del sujeto de quien lo adquirió mi esposo. Muchacho ¿cómo se llama tu señor?
ROBIN.—El señor Juan Falstaff.
FORD.—¡El señor Juan Falstaff!
