Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FORD.—Bien. Os prometà una comida. Venid a dar un paseo por el parque. Os ruego que me perdonéis. Más tarde os diré por qué hice esto. Ven, esposa mÃa. Venid, señora Page. Os suplico que me perdonéis: lo suplico sinceramente.
PAGE.—Vamos con él, señores; pero creedme, que le haremos blanco de nuestra jovialidad. Os invito a almorzar mañana temprano en mi casa. Después iremos a cazar pájaros; tengo un buen halcón. ¿Os acomoda?
Ford. —Lo que queráis.
EVANS.—Si hay uno, yo seré el segundo de la partida.
CAIUS.—Y si hay uno o dos, yo seré el tercero.
EVANS.—Os ruego ahora que os acordéis mañana de aquel sucio bribón de posadero.
CAIUS.—Perfectamente. ¡Por vida de…! que lo haré con todo mi corazón.
EVANS.—¡Sarnoso bribón! ¡Que se permite bromas y burlas!
Salen