Las alegres comadres de Windsor

Las alegres comadres de Windsor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ESCENA IV

Cuarto en casa de Page

Entran FENTON y ANA PAGE

FENTON.—Veo que no puedo alcanzar el beneplácito de tu padre. No me obligues de nuevo, dulce Ana mía, a acudir donde él.

ANA.—¡Ay! ¿Qué hacer, pues?

FENTON.—¿Qué? El ser tú misma. Se opone porque considera demasiado alta mi alcurnia, y presume que, mermados mis bienes por mis gastos, sólo procuro restablecerlos a favor de su riqueza. Fuera de estos obstáculos me presenta otros: mis turbulencias pasadas, mis asociaciones de disipación; y me dice que es imposible que yo te ame de otro modo que como una propiedad.

ANA.—Quizás os dice verdad.

FENTON.—No; y así me ampare el cielo en el tiempo futuro. Confieso, sin embargo, que la fortuna de tu padre fue el primer móvil que me impulsó a pretenderte; pero, Ana mía, al hacerlo, encontré que valías más que toda fortuna en oro o en cualquier otro valor. Ahora no ambiciono otra riqueza que tú misma.

ANA.—Amable señor Fenton, insistid aún en solicitar la buena voluntad de mi padre; buscad de nuevo su consentimiento. Si la oportunidad y la humilde solicitud nada consiguiesen, ¡pues bien entonces…! Escuchad un momento.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker