Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FORD.—Con toda mi alma deploro que por culpa mÃa hayáis sufrido todo esto. Considero, pues, perdida mi pretensión. ¿Pensáis no volver a hacer la prueba?
FALSTAFF.—Señor Brook, consentirÃa en ser arrojado al Etna, como lo he sido al Támesis, antes que dejar esto asÃ. Su marido ha salido a cazar pájaros esta mañana; he recibido de ella otro mensaje dándome nueva cita; y la hora es entre las ocho y las nueve.
FORD.—Pues ya han dado las ocho, señor.
FALSTAFF.—¿Ya? Entonces acudo inmediatamente a la cita. Venid cuando lo tengáis a bien, y os informaré del progreso que haga. La conclusión ha de ser que gozaréis de ella. Adiós. La tendréis, señor Brook, la tendréis y pondréis los cuernos a Ford.
Sale