Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FORD.—¡Hum! ¡Ah! ¿Es esto una visión? ¿Es esto un sueño? ¿Estoy dormido? ¡Despierta, Ford! ¡Ford, despierta! Tu mejor precaución se encuentra burlada. ¡Y para esto se casa uno! ¡Para esto tiene uno en su casa ropas y canastas! Bien. Proclamaré en altavoz lo que soy. Ahora no se me escapará el miserable, no. Es imposible que se escape. Está en mi casa, y no se ha de ocultar en una alcancÃa ni en la caja de la pimienta. Registraré hasta los lugares imposibles, y le he de atrapar a menos que le ayude su consejero el diablo. Si no puedo evitar lo que soy, al menos no me resignaré mansamente a ser lo que no quisiera. Y si he detener cuernos, yo haré que tenga razón el refrán, y que ese bribón salga por la punta de un cuerno.
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