Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor 
La calle
Entran la Sra. PAGE, la Sra. APRISA, y GUILLERMO
Sra. PAGE.—¿Te parece que está ya en casa de Ford?
APRISA.—Sin duda, que ha de estar a esta hora, o en pocos momentos más. Pero podéis creer que está verdaderamente furioso por aquello de haberlo echado al rÃo. La señora Ford desea que vayáis inmediatamente.
Sra. PAGE.—Ya estaré con ella dentro de un rato. No voy a hacer más que dejar en la escuela a mi chico que veis conmigo. Ahà viene su maestro. Es dÃa de asueto, a lo que veo. (Entra sir Hugh Evans.) ¿Cómo estáis, señor Hugh? ¿No es hoy dÃa de escuela?
EVANS.—No. El señor Slender ha dado a los chicos permiso para jugar.
Sra. PAGE.—Señor Hugh, mi esposo dice que mi hijo aprovecha maldita de Dios la cosa en su libro. Y os ruego que le hagáis algunas preguntas sobre sus rudimentos.
EVANS.—Ven aquÃ, Guillermo. Levanta la cabeza. Ven.
Sra. PAGE.—Venid, gran tuno. Erguid la cabeza y responded al maestro. No tengáis miedo.
EVANS.—Guillermo, ¿cuántos números hay en los nombres?
GUILLERMO.—Dos.
