Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BORACHIO.— Amado prÃncipe, acceded a que no vaya más lejos mi interrogatorio. OÃdme, y que después me mate este conde. Os he engañado a ojos vistas. Lo que vuestra discreción no supuso descubrir, estos imbéciles groseros lo han sacado a luz, los cuales me acecharon anoche y me oyeron confesar a este hombre cómo don Juan, vuestro hermano, me habÃa incitado a calumniar a la señora Hero; cómo se os condujo al jardÃn y me visteis corterjar a Margarita en traje de Hero; cómo la repudiasteis cuando ibais a casaros con ella. Tienen informe por escrito sobre mi villanÃa, que antes quisiera sellar con mi muerte que repetir en deshonra propia. La dama ha muerto a consecuencia de mi falsa acusación y de la de mi amo; y en suma, no deseo sino el pago debido a un granuja.
DON PEDRO.— ¿No penetran estas palabras como el hierro en vuestra sangre?
CLAUDIO.— ¡He bebido veneno mientras las proferÃa!
DON PEDRO.— ¿Y fue mi hermano quien te indujo a esto?
BORACHIO.— SÃ, y me pagó espléndidamente para que lo pusiera en práctica.
DON PEDRO.— ¡Está compuesto y forjado de traiciones! ¡Y ha huido tras esta infamia!