Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

BEATRIZ.— No lo parece, según esa confesión. Entre veinte hombres discretos no hay uno que se alabe a sí propio.

BENEDICTO.— Máxima antigua, Beatriz; máxima antigua, que tuvo valor allá en los tiempos de buena vecindad. Si en este siglo no se erige un hombre su tumba antes de morir, no vivirá más su monumento que el son de las campanas y el llanto de su viuda.

BEATRIZ.— ¿Y cuánto es eso, según vos?

BENEDICTO.— ¡Valiente pregunta! Una hora de doble y un cuarto de hora de lágrimas. Así, lo propio de un hombre prudente (si don Gusano, su conciencia, no halla en contrario ningún impedimento) es ser la trompeta de sus propias virtudes, como soy yo de las mías. Por eso ensalzo mi persona, que, como puedo atestiguar, es muy digna de alabanza. Y ahora decidme, ¿cómo está vuestra prima?

BEATRIZ.— Muy mal.

BENEDICTO.— ¿Y vos?

BEATRIZ.— Muy mal también.

BENEDICTO.— Servid a Dios, amadme y aliviaos. Con lo cual os dejo también, pues aquí se acerca alguien a toda prisa.

Entra ÚRSULA.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker