Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BEATRIZ.— ¿No me amáis vos?
BENEDICTO.— En verdad que no; no más de lo razonable.
BEATRIZ.— Vaya, entonces mi prima, Margarita y Úrsula se han engañado de medio a medio, pues juraron que sÃ.
BENEDICTO.— Ellos juraron que estabais medio enferma de amor por mÃ.
BEATRIZ.— Y ellas juraron que estabais casi muerto de amor por mÃ.
BENEDICTO.— No hay nada de eso. ¿De manera que no me amáis?
BEATRIZ.— No, en verdad; solamente como recompensa amistosa.
LEONATO.— Vamos, sobrina, estoy seguro de que amáis al caballero.
CLAUDIO.— Y yo estoy seguro de que él la ama, pues he aquà un papel escrito de su mano, un soneto cojo, de su propia y singular invención, dedicado a Beatriz.
HERO.— Y he aquà otro, escrito de mano de mi prima, caÃdo de su bolsillo, que contiene su afección por Benedicto.
BENEDICTO.— ¡Milagro! ¡He aquà nuestras propias manos contra nuestros corazones! Vamos, te tendré; pero, por esta luz, que te tomo por lástima.