Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BENEDICTO.— ¿Queréis comprarla, que tomáis tantos informes de ella?
CLAUDIO.— ¿PodrÃa el mundo comprar semejante joya?
BENEDICTO.— Ya lo creo, y un estuche para encerrarla. Pero ¿habláis en tono serio, o representáis el burlón Jack, para contarnos que Cupido es un buen cazador de liebres y Vulcano un insigne carpintero? Vamos, ¿en qué clave hay que cantar para ir acorde con la canción?
CLAUDIO.— A mis ojos es la más encantadora dama que vi jamás.
BENEDICTO.— Yo veo todavÃa sin anteojos, y no advierto semejantes hechizos. He ahà a su prima, que, a no hallarse poseÃda de la cólera, la superarÃa en hermosura tanto como el primer dÃa de mayo al último de diciembre. Mas espero que no intentaréis convertiros en marido, ¿no es eso?
CLAUDIO.— No responderÃa de mÃ, aunque hubiese jurado lo contrario, si Hero consintiese en ser mi esposa.