Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

BENEDICTO.— El toro salvaje puede; pero si el prudente Benedicto se entregara, arrancadle los cuernos al toro e incrustádmelos en la frente; y que me retrate luego un pintor de brocha gorda; y tal como suele escribirse en gruesos caracteres: «Aquí se alquila un buen caballo», poned debajo de mi efigie: «Aquí podéis ver a Benedicto, el hombre casado».

CLAUDIO.— Si la ocasión llega, serás un cornudo furioso.

DON PEDRO.— Pues si Cupido no ha vaciado por completo su aljaba en Venecia, prepárate a temblar.

BENEDICTO.— Antes temblará la tierra.

DON PEDRO.— Bien, contemporizad con las horas. En el ínterin, apreciado signior Benedicto, entrad en casa de Leonato, saludadle en mi nombre y decidle que no faltaré a la cena, ya que, verdaderamente, ha hecho grandes preparativos.

BENEDICTO.— Aún me siento capaz de desempeñar esa embajada; y así os encomiendo...

CLAUDIO.— Al amparo de Dios. De mi casa, si la tuviese...

DON PEDRO.— A seis de julio. Vuestro afectísimo amigo Benedicto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker