Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces LEONATO.— No, no; hay que considerar esto como un sueño, hasta que se aclare por sà propio. Empero voy a advertir a mi hija, para que vaya preparando la respuesta, si por ventura el caso fuera cierto. Id y contádselo. (Cruzan la escena varias personas.) Deudos, ya sabéis lo que tenéis que hacer. ¡Oh! Os pido perdón, amigo. Acompañadme, que he menester de vuestro talento. Querido primo, tened cuidado en estos momentos de actividad. (Salen.)