Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DON JUAN.— ¿Servirá de plano para construir alguna desazón? ¿Quién es el insensato que se desposa voluntariamente con la inquietud?
BORACHIO.— ¡Pardiez!, no sino el brazo derecho de vuestro hermano
DON JUAN.— ¿Quién? ¿El gentilÃsimo Claudio?
BORACHIO.— El mismo.
DON JUAN.— ¡Bizarro mozo! ¿Y con quién? ¿Con quién? ¿En quién ha puesto los ojos?
BORACHIO.— ¡Por mi fe! En Hero, la hija y heredera de Leonato.
DON JUAN.— ¡Una polluela precoz! ¿Cómo lo sabéis?
BORACHIO.— Estando haciendo el oficio de sahumador, y mientras quemaba perfumes en una habitación mal aireada, vi llegar del brazo al prÃncipe y a Claudio, discurriendo en grave plática. Me oculté rápidamente detrás de un tapiz, y desde allà les oà cómo acordaron que el prÃncipe cortejarÃa a Hero por su propia cuenta y que después, una vez conseguida, la cederÃa al conde Claudio.