Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BEATRIZ.— Demasiado maldita es más que maldita. De ese modo echaré de menos una bendición de Dios, pues según el proverbio, «A la vaca maldita da Dios cuernos cortos»; pero a la que es demasiado maldita no le da cuerno alguno.
LEONATO.— AsÃ, por ser demasiado maldita, ¿no os dará Dios cuernos?
BEATRIZ.— Justamente, si no me da marido, cuya merced le imploro de rodillas todas las mañanas y todas las noches: «¡Señor! Yo no podrÃa sufrir a un marido con toda la barba; preferirÃa acostarme con un montón de lana».
LEONATO.— Podéis poner los ojos en un marido sin barba.
BEATRIZ.— ¿Y qué harÃa con él? ¿Vestirle con mis faldas y que me sirviese de doncella? Quien tiene barba es más que un mancebo, y el que carece de ella menos que un hombre. Si es más que mancebo es mucho hombre para mÃ, y si es menos que hombre, soy yo mucha mujer para él. Por consiguiente, prefiero tomar seis peniques de arras del guardaosos y conducir sus monos al infierno.
LEONATO.— Bueno; entonces, ¿irás al infierno?