Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces LEONATO.— Hija, acordaos de lo que os he dicho. Si el prÃncipe os solicita en ese sentido, ya sabéis la respuesta que habéis de darle.
BEATRIZ.— Prima, culpa será de la música, si no sois cortejada a su debido tiempo. Si el prÃncipe se muestra demasiado importuno, decidle que en todo hay compás, y bailad en vez de contestarle. Porque, oÃdme, Hero: el enamorarse, el casarse y el arrepentirse son, respectivamente, como una giga escocesa, un minué y una zarabanda; el primer galanteo es ardiente y rápido, como la giga escocesa, y no menos fantástico; el casamiento es formal y grave, como el minué, lleno de dignidad y antigüedad; y luego viene el arrepentimiento y con sus piernas vacilantes toma parte en la zarabanda, cada vez más torpe y más pesado, hasta que se hunde en la tumba.
LEONATO.— Sobrina, siempre miráis las cosas por el lado desfavorable.
BEATRIZ.— Tengo muy buena vista, tÃo. Soy capaz de distinguir una iglesia en pleno dÃa.
LEONATO.— Aquà llegan las máscaras, hermano. Hagámosles lugar.
Entran DON PEDRO, CLAUDIO, BENEDICTO, BALTASARNIO, DON JUAN, BORACHIO, MARGARITA, ÚRSULA y otros, enmascarados.
DON PEDRO.— Señora, ¿os dignarÃais dar una vuelta con vuestro amigo?