Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces HERO.— Si marcháis despacio, miráis con dulzura y no decÃs nada, estoy dispuesta a pasear; y especialmente si se trata de pasear lejos.
DON PEDRO.— ¿Llevándome en vuestra compañÃa?
HERO.— Ya os lo diré cuando me plazca.
DON PEDRO.— ¿Y cuándo os placerá decÃrmelo?
HERO.— Cuando me agrade vuestro semblante, pues ¡lÃbrenos Dios de que el laúd se asemeje a la funda!
DON PEDRO.— Mi careta es el tejado de Filemón; dentro de la choza está Júpiter.
HERO.— Pues entonces vuestra careta deberÃa estar techada de paja.
DON PEDRO.— Hablad bajo, si habéis de hablar de amor. (Se retiran.)
BALTASARNIO.— Pues quisiera gustaros.
MARGARITA.— No quisiera yo, por vuestro bien, pues estoy llena de malas cualidades.
BALTASARNIO.— Citadme alguna.
MARGARITA.— Rezo en alta voz.
BALTASARNIO.— Tanto mejor para amaros. Los que os escuchen podrán decir: Amén.
MARGARITA.— Dios me aparee con un buen bailarÃn.
BALTASARNIO.— Amén.