Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CLAUDIO.— Os lo ruego, dejadme.

BENEDICTO.— ¡Eh! Ahora procedéis como el ciego. Fue el lazarillo quien os robó la comida, y dais de palos al poste.

CLAUDIO.— Si no puede ser de otro modo, os dejaré yo. (Sale.)

BENEDICTO.— ¡Ay! ¡Pobre pollo herido! Ahora irá a rastras a tenderse sobre las cárices. Pero ¡que mi señora Beatriz me conozca y no me conozca! ¡El bufón del príncipe! ¡Ja! Puede que me dé ese título porque soy jovial. Sí; pero con ello se me infiere un agravio. Yo no tengo esa reputación. Es la perversa y áspera condición de Beatriz, que mide al mundo por su persona, y me crea tan mala fama. Bien; me vengaré como pueda.

Vuelve a entrar DON PEDRO.

DON PEDRO.— Hola, signior. ¿Dónde está el conde? ¿Le habéis visto?

BENEDICTO.— Por mi fe, señor, que he representado el papel de la señora Fama. Le hallé aquí tan melancólico como una casa de guarda en un conejar. Le dije, y creo no haberle mentido, que vuestra gracia había conseguido la buena voluntad de esa damita, y le ofrecí acompañarle hasta un sauce para tejerle una guirnalda como amante desdeñado o para cortarle una vara como hombre digno de azotes.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker