Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DON PEDRO.— ¡Digno de azotes! ¿Qué falta ha cometido?
BENEDICTO.— La torpe trasgresión de un niño de escuela que, en su alegrÃa por haber encontrado un nido de pájaros, lo muestra a su compañero, quien se lo roba.
DON PEDRO.— ¿Calificas de trasgresión una prueba de confianza? La trasgresión está en el robador.
BENEDICTO.— Sin embargo, no hubiera estado de más proveerse de la vara y también de la guirnalda: la guirnalda para que la gastase él y la vara para aplicárosla a vos, quien, a lo que parece, le ha robado su nido de pájaros.
DON PEDRO.— Sólo les enseñaré a cantar y después los devolveré a su dueño.
BENEDICTO.— Si su canto responde a vuestras palabras, por mi fe que habéis hablado honradamente.
DON PEDRO.— La señora Beatriz se queja de vos. Al caballero que bailaba con ella le ha dicho que la injuriáis en demasÃa.