Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

DON PEDRO.— Vuestro silencio es lo que más me ofende, y la alegría, lo que mejor os sienta, pues, no cabe duda, debisteis de nacer en una hora alegre.

BEATRIZ.— No, por cierto, señor, que mi madre gritaba; pero había a la vez una estrella que bailaba, y yo nací bajo su influjo. ¡Dios os conceda alegría primos!

LEONATO.— Sobrina, ¿queréis poner atención en las cosas que os he dicho?

BEATRIZ.— Imploro vuestra merced, tío. Con el perdón de vuestra gracia. (Sale.)

DON PEDRO.— ¡Por mí fe! ¡Es una dama agradable y risueña!

LEONATO.— La melancolía es elemento que entra poco en la constitución de su ser, señor. Nunca está seria, sino cuando duerme. Y aun no siempre, pues he oído decir a mi hija que, a menudo, soñando desventuras se ha despertado con risas.

DON PEDRO.— No puede sufrir que le hablen de esposo.

LEONATO.— ¡Oh! ¡De ninguna manera! Se burla de todos sus pretendientes.

DON PEDRO.— Sería excelente mujer para Benedicto.

LEONATO.— ¡Oh Dios, señor! Si estuvieran casados sólo una semana, se volverían locos de tanto hablar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker