Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DON PEDRO.— Y Benedicto no es el marido de menos esperanzas que yo conozco. Puedo alargarme en elogios respecto de él; es de noble linaje, de acreditado valor y honradez reconocida. Os enseñaré cómo habéis de preparar el ánimo de vuestra prima para que se incline al amor de Benedicto. Y yo, con vuestra doble ayuda, me las arreglaré con Benedicto de modo que, a despecho de su espíritu cáustico y de su mal genio repulsivo, se prende de Beatriz. Si logramos esto, Cupido ya no será arquero, y su gloria nos pertenecerá, pues nos quedaremos por únicos dioses del amor. Venid conmigo y os explicaré mi plan. (Salen.)