Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces Otro aposento en la casa de Leonato.
Entran DON JUAN y BORACHIO.
DON JUAN.— Es cosa hecha; el conde Claudio se casará con la hija de Leonato.
BORACHIO.— SÃ, señor; pero yo puedo impedirlo.
DON JUAN.— Toda barrera, todo obstáculo, todo impedimento será bálsamo a mi herida. Estoy enfermo de disgusto contra él, y todo cuanto venga a contrariar su deseo se hallará en el mismo plano y a nivel del mÃo. ¿Cómo puedes frustrar ese matrimonio?
BORACHIO.— No de un modo honrado, señor; pero sà tan encubiertamente que nadie sospechará de mi bellaquerÃa.
DON JUAN.— Muéstrame cómo en pocas palabras.
BORACHIO.— Creo haber dicho a vuestra señorÃa, hace ya un año, que gozo mucho del favor de Margarita, la doncella de Hero.
DON JUAN.— Lo recuerdo.
BORACHIO.— Puedo citarla a cualquier hora intempestiva de la noche para que se asome a la ventana del aposento de su señora.
DON JUAN.— ¿Qué vida hay en eso para causar la muerte de ese enlace?
