Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BEATRIZ.— Contra mi voluntad me han enviado a llamaros a la mesa.
BENEDICTO.— Bella Beatriz, os agradezco la molestia.
BEATRIZ.— No me he tomado más molestia para merecer ese agradecimiento de la que os cuesta el agradecérmela. Si la misión me hubiera sido molesta, no habrÃa venido.
BENEDICTO.— Entonces, ¿os complacéis en la embajada?
BEATRIZ.— SÃ, tanto como vos en enarbolar la punta de un cuchillo y oprimir con él una corneja. Veo que no tenéis apetito, signior. Pasadlo bien. (Sale.)
BENEDICTO.— ¡Ah! «Contra mi voluntad me han enviado a llamaros a la mesa». Esto encierra doble sentido. «No me he tomado más molestia para merecer ese agradecimiento de la que os cuesta el agradecérmela»; que es como decir: toda molestia que me tome por vos es tan grata como vuestro agradecimiento. ¡Si no me compadezco de ella, soy un rufián; si no la amo, un judÃo! ¡Voy a procurarme su retrato! (Sale.)