Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces JardÃn de Leonato.
Entran HERO, MARGARITA y ÚRSULA.
HERO.— Buena Margarita, ve al recibimiento; allà hallarás a mi prima Beatriz conversando con el prÃncipe y con Claudio. Háblale al oÃdo y dile que Úrsula y yo paseamos por el jardÃn y que ella sola es el tema de nuestra charla. Añade que nos has sorprendido y aconséjala que se oculte en la enramada tupida, donde las madreselvas, maduradas por el sol, impiden que éste penetre, semejantes a los favoritos encumbrados por los prÃncipes, que oponen su orgullo contra el poder que los creara. Allà se esconderá para escuchar nuestra conversación. Éste es el encargo que te confÃo. Cúmplelo bien y déjanos solas.
MARGARITA.— Enseguida vendrá, os lo aseguro.
HERO.— Ahora, Úrsula; cuando llegue Beatriz, discurriremos arriba y abajo por esta calle de árboles y nuestra charla recaerá tan sólo en Benedicto. Cuantas veces pronuncie yo su nombre, cuida por tu parte de elogiarle a un extremo que jamás hombre alguno haya merecido. Mi charla contigo se ceñirá a cómo Benedicto está enfermo de amor por Beatriz. De esta sustancia se forja la flecha del astuto y diminuto Cupido, que sólo hiere de oÃdas. (Entra BEATRIZ, por el fondo.) Comencemos ya; porque mira por donde viene Beatriz, deslizándose pegada al suelo, como un avefrÃa, para oÃr nuestra conferencia.
