Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces HERO.— En efecto, goza de una excelente reputación.
ÚRSULA.— Excelencia que habÃa adquirido antes de tenerla. ¿Cuándo os casáis, señora?
HERO.— Pues cualquier dÃa de éstos; mañana. Vamos adentro. Te enseñaré algunas galas y me aconsejarás cuál es la mejor para ataviarme mañana.
ÚRSULA.— Ha caÃdo en la liga, os lo garantizo. La hemos cazado, señora.
HERO.— Si es asÃ, se ama entonces por azar. Cupido da muerte a unos con flechas y a otros con redes. (Salen HERO y ÚRSULA.)
BEATRIZ.— (Avanzando.) ¡Cómo me zumban los oÃdos! ¿Será posible? ¿Se me censura de tal manera por mi orgullo y desdén? ¡Adiós, desprecio! ¡Orgullo virginal, adiós! Ninguna gloria hay que esperar de vosotros. Y tú, Benedicto, sigue amando. Yo te corresponderé, domando mi corazón salvaje al amor de tu mano. Si me amas, mi ternura te incitará a unir nuestros amores en un santo lazo, pues los demás reconocen que lo mereces, y yo lo creo mejor por mà que por referencias. (Sale.)