Mucho ruido y pocas nueces

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BENEDICTO.— En todo eso, no obstante, no hallo ensalmo para el dolor de muelas. Venerable señor, daos un paseo a solas conmigo. He estudiado ocho o nueve palabras sensatas que es menester os diga, y que no tienen por qué oír estos estafermos. (Salen BENEDICTO y LEONATO.)

DON PEDRO.— Por vida mía, a manifestarse va con él respecto de Beatriz.

CLAUDIO.— Exactamente, Hero y Margarita habrán representado sus papeles con Beatriz, y ya no se morderán una a otra las dos fieras cuando se encuentren.

Entra DON JUAN.

DON JUAN.— Mi señor y hermano, Dios os guarde.

DON PEDRO.— Buenas tardes, hermano.

DON JUAN.— Quisiera hablar con vos, si disponéis de tiempo.

DON PEDRO.— ¿A solas?

DON JUAN.— Si os place; sin embargo, el conde Claudio puede escuchar, pues lo que he de deciros le concierne.

DON PEDRO.— ¿De qué se trata?

DON JUAN.— (A CLAUDIO.) ¿Piensa casarse mañana vuestra señoría?

DON PEDRO.— Ya sabéis que sí.

DON JUAN.— No sé si se casará o no, cuando sepa lo que yo sé.


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