Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

DON PEDRO.— No sois doncella entonces. Leonato, me duele que hayáis de oírlo. Por mi honor, yo, mi hermano y este pobre conde la hemos visto y oído a esa hora de la noche última hablar con un rufián en la ventana de su aposento; el cual, como bellaco, al fin, sin pizca de decoro, nos confesó las viles entrevistas que habían tenido mil veces en secreto.

DON JUAN.— ¡Vergonzosas! ¡Vergonzosas! No merecen otro nombre, señor, ni que se hable de ellas. No hay castidad suficiente en el lenguaje para referirlas sin ofender los oídos. Así que, linda joven, lamento tu notoria liviandad.

CLAUDIO.— ¡Oh Hero! ¡Qué heroína, qué dechado fueras, de haber empleado la mitad de tus hechizos exteriores en adornar tus pensamientos y las aspiraciones de tu corazón! Pero ¡adiós a ti, la más inmunda y la más bella! ¡Adiós a ti, pura impiedad e impía pureza! Por ti cerraré todas las puertas del amor, y la sospecha penderá de mis párpados para trocar toda hermosura en pensamientos de maldad y nunca hallarle otros atractivos.

LEONATO.— ¿No hay aquí un puñal para matarme?

HERO se desmaya.

BEATRIZ.— ¡Ay! ¡Qué es esto, prima! ¿Os sentís enferma?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker