Otelo
Otelo en boca del sabio. ¿Qué os ha hecho
malgastar de este modo vuestra fama
y cambiar el regio nombre de la honra
por el de pendenciero? Contestadme.
MONTANO
Noble Otelo, estoy muy malherido.
Yago, vuestro alférez, puede informaros
de todo lo que sé, ahorrándome palabras
que me cuestan. Y no sé que esta noche
yo haya dicho o hecho nada malo,
a no ser que sea pecado la caridad
con uno mismo o la defensa propia
cuando nos asalta la violencia.
OTELO
¡Dios del cielo!
La sangre empieza a dominarme la razón,
y la pasión, que me ha ofuscado el juicio,
va a imponerse. ¡Voto a…! Con que me mueva
o levante este brazo, el mejor de vosotros
cae bajo mi furia. Hacedme saber
cómo empezó tan vil tumulto y quién lo provocó,
y el culpable de esta ofensa, aunque sea
mi hermano gemelo, para mí está perdido.
En una ciudad de guarnición, aún inquieta,
con la gente rebosando de pavor,
¿emprender una pelea particular