Otelo
Otelo De este asunto no puedo decir más.
Los hombres son hombres, y hasta el mejor
se desquicia. Aunque Casio le ha hecho algo,
pues la furia no perdona al más amigo,
me parece que Casio también recibió
del fugitivo algún insulto grave
que no tenÃa perdón.
OTELO
Ya veo, Yago,
que tu afecto y lealtad suavizan la cuestión
en beneficio de Casio. Casio, aunque os aprecio,
nunca más seréis mi oficial.
Entra DESDÉMONA con acompañamiento.
¡Mirad! ¡Hasta mi amor se ha levantado! —
Serviréis de ejemplo.
DESDÉMONA
¿Qué ha ocurrido?
OTELO
Ya nada, mi bien. Vuelve a acostarte.—
Señor, de vuestra cura yo mismo
me hago cargo.— Lleváoslo.
[Sacan a MONTANO.]
Yago, mira por toda la ciudad
y calma a los que se han alborotado
con la riña.— Vamos, Desdémona. Al guerrero
la contienda perturba el dulce sueño.
Salen OTELO, DESDÉMONA y acompañamiento.