Otelo
Otelo ¡Ah, sangre, sangre, sangre!
YAGO
Tened calma. Acaso cambiéis de idea.
OTELO
Jamás, Yago. Como el Ponto Euxino,
cuya frÃa corriente e indómito curso
no siente la baja marea y sigue adelante
hacia la Propóntide y el Helesponto[27],
asà mis designios, que corren violentos,
jamás refluirán, y no cederán al tierno cariño
hasta vaciarse en un mar de profunda
e inmensa venganza. Por ese cielo esmaltado,
con todo el fervor de un sagrado juramento,
empeño mi palabra.
YAGO
No os levantéis.
Se arrodilla.
Estrellas que ardéis en lo alto, sed testigos,
elementos que nos ciñen y rodean,
sed testigos de que Yago desde ahora
consagra la actividad de su cerebro,
su corazón y sus manos al servicio
del agraviado Otelo. Que dicte sus órdenes,
y mi obediencia será compasión,
por cruel que sea la empresa.
[Se levanta.]
OTELO