Poesias
Poesias al dueño de ese honor y ese deleite.
Lo bello es persuasivo sin discursos
y atrae las miradas por sí mismo;
¿es necesario entonces el abuso
de elogios que destaquen lo exquisito?
¿Por qué fue a hacer libelo Colatino
de aquella joya que debió esconder
de oídos ávidos, pues es de él?
Quizá elogiar lo regio de Lucrecia
estimuló a ese vástago real:
nos suele enardecer lo que nos cuentan;
tal vez la envidia de algo tan feraz
e incomparable le hizo maliciar
que el subalterno no ha de presumir
de lo que el jefe anhela para sí.
Mas, fueran cuales fueran sus razones,
alguna aguijoneó su prisa insana.
Dejando atrás a amigos, rango, honores,
corre a Colatia a sofocar las ascuas
que anidan en su hígado y lo inflaman.
¡Oscuro ardor, oculto en frías culpas,
tu fruto abrasa y no madura nunca!
A su llegada, el pérfido señor
fue bienvenido por la fiel patricia,
en cuya faz virtud y perfección
se disputaban cuál la hacía más digna.
Si la virtud pujaba, enrojecía