Poesias
Poesias de apuro la belleza, y la virtud
blanqueaba el rojo en plata con su luz.
Mas la belleza debe a las palomas
de Venus, dice, el blanco de su rostro;
reclama entonces la virtud su cuota
de ese rubor con que la edad de oro
resguarda su tez blanca del acoso
pues ella le ha enseñado cómo usarlo:
el rojo, en la vergüenza, escuda al blanco.
La heráldica del rostro de Lucrecia
tenía en blanco y gules los cantones;
las dos, tanto virtud como belleza,
imperan desde siempre en sus colores,
mas su ambición es grande y van al choque.
Tan soberanas son que es habitual
que se intercambien tronos a la par.
En ese hermoso campo ve Tarquinio
la muda lid de lirios y de rosas
y, ante las bellas filas, su ojo impío,
por no morir a manos de ambas tropas,
acepta, acobardado, la derrota;
un soez rival al que los dos ejércitos
prefieren verlo huyendo que vencerlo.
Se mofa ahora de la lengua llana
del pródigo marido adulador
que, puesto a la labor, no dio la talla
pues la belleza excede su expresión.