Poesias
Poesias confusas mente y vista por igual.
Sus pelos, ni al albur ni recogidos,
son muestra de un orgullo descuidado.
Algunos cuelgan del sombrero, finos,
mejilla abajo, junto al cutis blanco,
y hay otros que, sujetos a su lazo,
prefieren serle fieles y se quedan
trenzados entre sí con negligencia.
De un cesto iba sacando mil obsequios,
de alámbar, de cristal o de azabache,
y los tiraba al río plañidero
a cuya orilla había ido a situarse:
mojado a lo mojado usura añade,
igual que el rey que, al pobre, ni una miga,
y al rico le da todo lo que pida.
Atesoraba, en pliegos, muchas cartas
que echaba al agua rotas, suspirando,
y alianzas de oro y hueso que arrojaba
en trozos a sus tumbas en el fango.
Atadas con esmero, a sangre el trazo,
más notas fue sacando, cuyos sellos
guardaban de curiosos sus secretos.
Y ya las embebía en sus dos ojos
llorosos, las besaba, las rompía,
clamando: «¡Oh sangre falsa, testimonio
espurio de un acopio de mentiras,
más negra y más maldita que la tinta!».