Poesias
Poesias pues Venus, sin hogar, buscó uno propio
y al dar con él y con su esbelta planta,
cobró mayor deidad allí alojada.
»Sus pardos rizos, que colgaban, sueltos,
iban a dar, sedosos, a sus labios
con cada leve exhalación del viento.
Lo grato, al fin, acabará pasando:
todo ojo sucumbía a sus encantos
al ver en su semblante un anticipo
de lo que nos depara el paraíso.
»Sin casi asomo de hombre en la barbilla,
un vello de ave fénix despuntaba
cual tierna felpa en esa piel tan fina
que imberbe era mejor que festoneada,
aunque aun así ganaba con la barba.
Sus jueces no sabían decidir
si había de ir con ella o tal vez sin.
»Parejo en sus virtudes y en presencia,
tenía voz y hablar de moza; en cambio,
en pullas de hombres era una tormenta
de aquellas que se ven de abril a mayo,
de viento montaraz y delicado.
Con su rudeza y juventud podía
dar visos de verdad a la mentira.
»Montaba bien y, como dicen muchos,
“El buen jinete imprime a su caballo
el brío, la docilidad, el orgullo