Poesias
Poesias igual que algunos necios van soñando
que son los propietarios de los bienes
de tierras y mansiones de otra gente,
y sudan más por darles un provecho
que el buen señor gotoso que es su dueño.
»¡Son tantas las que, sin rozarlo nunca,
soñaron que eran dueñas de su afecto!
Y yo, que estaba libre de ataduras
y a cargo de mí misma por completo,
al ver su juventud y su talento,
dejé que me envolviera su atracción
y, salvo el tallo, le entregué mi flor.
»Mas no hice como algunas de las otras
que, sin que él las deseara, se entregaron;
en cambio, compelida a actuar con honra,
logré poner la honra a buen recaudo
detrás de las murallas que iba alzando
con la experiencia de las malheridas
por esta falsa joya y sus conquistas.
»Mas, ay, ¿qué joven puede delegar
en otras el albur de su destino?
¿Qué ejemplos desdichados le ahorrarán
los trances que las otras han sufrido?
Lo inquieto no se frena aconsejando
pues, cuando ansiamos algo, los consejos
parecen desbravarnos el deseo.
»Ni da satisfacción a nuestra sangre