Poesias
Poesias Tan pronto el sol de enrojecida faz
dejó gimiendo atrás a la alborada,
el rozagante Adonis fue a cazar
pues ríe del amor y ama la caza.
Turbada, Venus, le salió al camino
con firme decisión de seducirlo.
«Tres veces», empezó, «más que yo hermoso,
flor cardinal, dulzura que se impone,
palomo blanco, más que rosa rojo,
baldón de ninfas, gustas más que un hombre.
Natura, que te hizo, a riesgo suyo
juró que con tu vida acaba el mundo.
»Alivia, oh maravilla, a tu caballo
y ata su noble testa a la montura.
Si tú me concedieras esto, a cambio,
la miel de mil secretos será tuya.
Aquí, que no hay serpientes, toma asiento
y deja que te colme con mis besos.
»Mas sin saciar tus labios, de tal modo
que sientan aún más hambre en la abundancia
y pasen sin cesar del blanco al rojo:
que un beso dure diez y veinte, nada;
en lides tan traviesas y gozosas,
se esfuma un día de estío en una hora.»
Le toma, aquí, la palma, y al sudor,
que es signo del vigor de las personas,
lo llama, estremecida de pasión,