Poesias
Poesias mitigará el calor del sol cadente;
te haré con mi cabello una pantalla
y si arde, ya lo apagarán mis lágrimas.
»Calienta el sol, allá en el cielo, el mundo,
y entre ese sol y tú yo me interpongo.
Mas el calor que arroja no lo sufro
pues queman más las teas de tus ojos.
Si no fuera inmortal, habría muerto,
ay, entre el sol terreno y el del cielo.
»¿De acero o pedernal es tu dureza?
De piedra, no, pues no la ablanda el agua;
¿un hijo de mujer que no comprenda
lo que es amar y cuánto duele el ansia?
De ser tu madre dura igual que tú,
habría de morir sin darte a luz.
»¿Qué soy para que así tú me desprecies?
¿Qué gran peligro esconden mis requiebros?
¿Qué mal le hará a tus labios que me beses?
Sé franco y dulce o quédate en silencio.
Tú dame un beso y yo te lo repongo
con intereses, si me aceptas otro.
»¡Aparta, forma inerte, mármol frío,
figura de adornar, perfil sin vida,
estatua contemplada por ti mismo,
fantoche que mujer no pariría!
Tú no eres hombre, ni que lo parezcas:
los hombres besan hasta por su cuenta.»