Poesias
Poesias querrá Venus yacer en ese pozo,
sabiendo bien que al reposar allí,
si allí vivió el amor, no va a morir.
Dos huecos fascinantes o dos grutas
que tragan los anhelos de la diosa.
Si ya está loca, ¿importa la cordura?
Si un golpe la mató, ¿el segundo importa?
¡Tu ley te obliga a amar, oh pobre reina,
el rostro que, sonriendo, te desdeña!
¿Adónde recurrir? ¿Qué más decirle?
Ya ha hablado y va en aumento su desgracia;
no hay tiempo ya, su presa se resiste
y lucha con los brazos que la atrapan.
«Piedad», le pide, «compasión, reparo».
De un salto, él corre en pos de su caballo.
Mas una yegua airosa, pronta y joven,
que espiaba desde un soto convecino
al buen corcel de Adonis, sale al trote,
resopla y, al pararse, da un relincho.
El alazán, atado a un árbol, tensa
la rienda, al fin la rompe y va tras ella.
Relincha y piafa, alzándose, imperioso,
y rompe, ahora, a mordiscos, sus aperos.
Escarba el suelo con sus cascos broncos
y el vientre de la tierra truena, hueco.
Parte el bocado férreo a dentelladas:
domina así lo que lo dominaba.