Poesias
Poesias Orejas rectas y al albur las crines
trenzadas sobre el cuello tenso en arco;
se bebe el aire y luego lo despide
por sus ollares como hirviente vaho.
Se ve en sus ojos de fulgor altivo
su arrojo ardiente y sus altos designios.
De pronto, puntillea el paso al trote
con grácil majestad y humilde orgullo,
o se alza, corvetea y suelta coces,
igual que si dijera: «Así presumo
de mi bravura para congraciarme
con la bonita yegua que allí pace».
¿Qué importan ya los gritos del jinete,
sus suaves «¡sooo!», sus irritados «¡quieto!»?
¿Qué más le dan la espuela y los arneses,
las bridas, las gualdrapas y aparejos?
Él ve su amor, y no ve nada más,
pues nada más de lo que ve querrá.
¿Ven? Si el pintor trasciende al fin la vida
plasmando el porte exacto de un equino,
en pugna con natura como artista
pues luce más lo inerte que lo vivo,
así, más que los otros, este bruto
lucía en casta, pelo, andar y músculo.
Robusto, impar cerneja y prietos cascos,
gran pecho, ollares anchos, breve testa,