Poesias
Poesias más raudos que los cuervos, en el bosque.
Se sienta Adonis, cárdeno y jadeante,
e impreca al potro indócil e impulsivo,
brindando la ocasión de que lo alcancen
las súplicas de amor de amor herido.
Es triple el daño, los amantes dicen,
si el uso de la lengua les impiden.
Si se represa un río o tapa un horno,
mayores son su cauce o su ignición;
lo mismo si se ahogan los congojos:
poder hablar mitiga el mal de amor.
Mas si el letrado calla y enmudece,
se parte el corazón, que es su cliente.
Él ya la ve venir y se sonroja
cual un rescoldo que reaviva el viento,
y esconde su disgusto tras su gorra,
confuso, escudriñando el duro suelo.
A fuerza de apartar la vista de ella,
no se percata de que está tan cerca.
¡Oh, qué delicia ver con qué sigilo
se acerca ansiosa al indolente joven!
¡Y cómo rojo y blanco su conflicto
resuelven y al final qué tez se impone!
Pues su mejilla pálida, en un rato,
ha comenzado a arder y lanza rayos.
Ya está donde él se sienta, justo enfrente,
y como amante humilde se arrodilla.