Poesias
Poesias y el corazón, acordes disonantes.
»Sin ojos, mis oídos amarían
esa belleza interna e invisible.
Si fuese sorda, lo que está a la vista
sería mi jalón para sentirte.
Si no pudiera oír ni verte, igual
podría amarte solo con tocar.
»Supón, entonces, que perdiera el tacto,
que no pudiese oír, tocar o ver
y solo me valiera del olfato;
ni así mi amor decrecería, pues
destila un hálito tu rostro excelso
tan rico que enamora con olerlo.
»¡Oh, qué ágape podrías darle al gusto
si ya a los otros cuatro diste a espuertas!
Querrán que dure siempre y, a su turno,
que ponga dos cerrojos la sospecha,
no sea que los celos, malos huéspedes,
se cuelen y fastidien el banquete.»
Una vez más se abrió la puerta grana
de donde habían manado sus desplantes,
tal como un alba roja, que presagia
naufragios, y en el campo, tempestades,
desgracias a las aves, y a pastores
y a sus rebaños, lluvias y ciclones.
Así que ella atendió ese vaticinio,
pues si antes de que llueva el viento afloja,