Poesias
Poesias el ojo de ella fulge en todo el rostro;
sus rayos a la cara imberbe apuntan,
tal vez porque por él están brillando;
mas esos cuatro focos no se cruzan
si no es porque los de él están nublados;
los de ella, tras el llanto, son cristales
de luz lunar que brilla en un estanque.
«Oh, ¿dónde estoy?», dice ella, «¿En cielo o tierra?
¿En medio del océano o del fuego?
¿Y qué hora es, aurora o noche negra?
¿Me muero por vivir o en gozo muero?
Viviendo, me moría sin cesar.
Muriendo gozo y todo es más vivaz.
»Tú me has matado, ¡mátame otra vez!
Tu duro corazón, sagaz tutor,
dio trucos a tus ojos y el desdén
mortal para mi pobre corazón.
Vigías de su reina, ven los míos
por gracia de tus labios compasivos.
»Si es por curar, que el beso entre ellos dure
y no se gasten sus barnices grana,
y que, al durar, con su frescura expulsen
las infecciones de épocas aciagas,
y en tinta los astrólogos revelen
que fue tu aliento el que alejó la peste.
»Oh, dulces labios que los míos sellan,