Poesias
Poesias le cura las heridas e infecciones;
y encuentra a otro de mirada huraña
que gañe, lastimero, cuando le habla.
Y cuando cesan sus gañidos, tiene
a un plañidero umbrío y mofletudo
que clama al cielo con su voz doliente
y varios que replican a su turno,
golpeando el suelo con el noble rabo,
rascadas las orejas y sangrando.
De siempre ha deslumbrado a los humildes
la aparición de signos y prodigios
que observan con recelo, pues transmiten
señales de espantosos vaticinios;
también le cortan el resuello a ella,
que lo recobra y a la muerte impreca.
«Famélica tirana, informe, astrosa,
divorcio del amor», así la injuria,
«culebra, espectro de sonrisa umbrosa,
¿le robas el aliento y la hermosura
a aquel cuya hermosura y cuyo aliento
dan lustre a rosas y perfume a espliegos?
»Si lo has matado… ¡No, no puede ser
que, frente a tal belleza, lo atacases…!
O sí, pues tienes ojos que no ven
y el odio y el azar guían tu embate.
Tu diana es la vejez pero tu dardo
fallido ha perforado un pecho cándido.