Poesias
Poesias »Golpeaste sin aviso, pues temías
poder perder poder al oír su voz;
espero que las parcas te maldigan:
te piden malas hierbas, no una flor.
En vez de flecha del amor dorada,
lo alcanza el dardo de ébano y lo mata.
»¿Tu sed aplacas con el llanto de otros?
¿Tú qué ventaja obtienes del pesar?
¿Por qué sumiste en sueño a aquellos ojos
que han enseñado a ver a los demás?
Natura ya no apoya tus sentencias
pues tu rigor truncó su obra maestra.»
Aquí, abatida y ya sin ilusiones,
veló sus párpados, que como esclusa,
cortaron el fluir cristal que corre
mejilla abajo al seno y su hendidura;
mas ya la lluvia irrumpe y salva el dique
con tal caudal que volverán a abrirse.
Sus lágrimas, sus ojos, dan y toman:
hay lágrima en los ojos y ojo en lágrimas,
y en ambos se refleja la congoja
que los suspiros secan, mas no basta
pues, como en las tormentas, viene el llanto
y moja lo que el viento fue secando.
Su pena es un hatajo de emociones
pugnando por tener la primacía
con tal tenacidad y tal desorden