Poesias
Poesias que todas pueden ser la que domina;
o bien ninguna, pues son como un cerco
de nubes que presagian el mal tiempo.
De pronto, lejos, oye a un cazador…
¡Jamás contuvo asà un arrullo a un niño!
Con toda su esperanza en esa voz,
aparta la zozobra del camino
y el gozo renovado la hace dócil,
pues la convence que es la voz de Adonis.
Sus lágrimas reinician la marea
y como perlas en el ojo asoman;
si alguna por oriente se despeña
se funde en su mejilla, que le arrostra
que enjuague la fangosa y sucia cara
terrestre, que está ebria, no inundada.
Oh desconfiado amor, resulta extraño:
¡no crees y eres cándido a la vez!
Tu gozo y tu pesar son extremados
y tonta tu esperanza, esté o no esté:
si está, te da imposibles que soñar
y te hunde en lo posible si no está.
Su propia red ahora la descose:
si él vive ya la muerte no es culpable
ni Venus la ha llenado de reproches;
es más, añade lustre al nombre infame:
sepulcro regio, reina de sepulcros,
suprema emperatriz del otro mundo.