Poesias
Poesias «No, yo, verás, bromeaba», se disculpa.
«Perdona si me pudo la ansiedad
al ver el jabalí, la fiera inmunda
que no tiene piedad para atacar,
y entonces, dulce sombra, lo confieso,
clamé, pues a mi amor creía muerto.
»Fue el jabalí, no yo, que urgió a mi lengua,
desfógate con él, reina invisible.
Si ha habido ofensa fue la de esa bestia:
yo actué pero él fue autor de lo que dije.
Dos lenguas tiene el daño ¿y qué mujer
las calla sin el juicio de otras diez?»
Con la esperanza de que Adonis viva
excusa sus sospechas infundadas
y por cuidar de su belleza insigne
intenta congraciarse con la parca,
le habla de estatuas, tumbas, glosas, domos,
de sus triunfos, sus glorias y sus logros.
«Oh, Júpiter, ¡qué tonta», dice, «he sido,
qué sinrazón me indujo a que llorase
que ha muerto quien no muere y sigue vivo
en tanto no se extingan los mortales!
Muriendo él, también lo bello muere,
y sin lo bello, el negro caos vuelve.
«Aparta, loco amor, te asalta el miedo
de quien lleva un tesoro entre ladrones;
intrigas que ni se oyen ni se vieron