Romances
Romances Ella está bien, pero no me pidió que os saludase.
MENELAO No la nombréis, señor, que es mortífero asunto.
HÉCTOR Perdonadme si he ofendido.
NÉSTOR Muchas veces te vi, troyano impetuoso,
ayudando al destino, cruel camino abrirte
entre filas de mozos griegos; te vi luego,
ardiente tal Perseo, corcel frigio hostigando,
desdeñar no poca presa y rendimiento,
cuando tu amenazante espada suspendías en el aire,
sin dejarla caer sobre el caído.
Y dije a algunos que cerca de mí había:
«Mirad, allá va Júpiter, vidas dispensando».
Detenerte te he visto, para tomar aliento,
cuando, en círculo los griegos, te encerraban,
tal luchador olímpico. Todo eso lo he visto,
mas nunca tu figura, de acero recubierta,
sino hasta ahora. Yo conocí a tu abuelo,
con quien luché una vez, y era un buen soldado;
mas por el grande Marte, que es capitán de todos,
nunca a ti te alcanzó. Que un anciano te abrace,
valeroso guerrero. ¡Bienvenido a estas tiendas!
ENEAS (A HÉCTOR.) Este es el viejo Néstor.
HÉCTOR Déjame que te abrace, buen cronicón antiguo,