Romances
Romances que de mano del tiempo tanto caminaste.
Néstor reverenciado, estrecharte me alegra.
NÉSTOR Ojalá que mis brazos en lucha te igualaran,
como luchan contigo en cortesÃa?
HÉCTOR Ojalá que pudieran.
NÉSTOR ¡Ah!
Por esta barba blanca, que te enfrento mañana.
Pero sé bienvenido, que al fin llegó mi hora.
ULISES Ahora me asombra que aquella ciudad exista,
pues que está entre nosotros su columna y cimiento?
HÉCTOR Señor Ulises, vuestras facciones bien conozco;
¡ah!, más de un griego y troyano hallaron muerte
desde que a vos y a Diomedes vi yo por vez primera
en Ilión, cuando de embajador llegasteis.
ULISES Entonces os previne, señor, lo que vendrÃa;
y está mi profecÃa solo cumplida a medias,
que esos muros, de vuestra capital frente insolente,
esas torres, cuya atrevida cima besa nubes,
han de morder el polvo.
HÉCTOR No debo daros crédito.
Pues ellos ahà están; y creo, modestamente,
que cada piedra frigia que caiga costarÃa